Otra batalla perdida

Siempre he querido simplificar, hacerlo todo más sencillo, con menos cosas. Me atrae el minimalismo, pero es una meta imposible, uno de esos ideales frustrantes. La imagen de arriba es de uno de los programas que uso para escribir, acapara toda la pantalla y sólo puedes hace eso, escribir. Sin distracciones, sin avisos o miles de botones para dar un formato irrelevante. También puede centrarse sólo en la frase con la que estás, difuminando el resto del texto. Lo compré buscando esa simplicidad y sí, hay mucha ironía en esa frase. En mi casa tampoco me gusta tener trastos, la vacié y aparte de mis libros, alguna estantería para que estén cómodos, una tele que nunca se enciende y un par de ordenadores, no hay mucho más (un saco de boxeo, una planta y un bastón, pero ese es otro tema). Hay tantas distracciones hoy, tantas opciones, tantas cosas que tiran de ti, que el anhelo de simplificar siempre está ahí. Lo mismo me pasa al escribir. Uno intenta al principio demostrar que sabe y lo hace utilizando cada recurso y cada epíteto a su alcance, en frases anidadas como ésta, que creen que decir mucho es lo mismo que expresar mucho. Pero la maestría está en expresar con las palabras justas y ni una más. Cuando lees a Camus o Hemingway lo comprendes. La de la simplicidad es una batalla perdida y es que supongo que tengo atracción por esa clase de peleas. Va a ser imposible hacerlo sencillo y hacerlo fácil. Repito hasta la nausea que todo lo importante nunca es simple, así que es inevitable una ración de caos y aprender a vivir con él. De hecho, hasta llegar a cualquier texto simple y (casi) perfecto, hay todo un camino de fango y desorden. Si no intento simplificar, las cosas me desbordan y no hago nada porque estoy en mil proyectos a la vez. Es curiosa esa clase de batallas, porque es imposible ganarlas, pero si no las peleas te comen. Es como vaciar una barca herida con un agujero. No vas achicar el agua nunca, pero si no achicas, te hundes. Intento tener menos compromisos, menos frentes abiertos y menos palabras que no añaden nada. Pero hasta en los maestros ves que esa regla se rompe, que hay retruécanos innecesarios y así debe ser, porque un mundo simple es un mundo aburrido. He asumido que va a ser inevitable que tenga que usar varias herramientas para escribir y que haya más trastos en mi casa de los que necesito. Al final la simplicidad no es cómoda y el ideal de perderme en una cabaña solitaria muy inconveniente. Pasaría frío, no soy capaz de cazar ni tortugas y partir leña suena cansado. Al final los ideales simples y bucólicos son tan tramposos como el resto. Pero bueno, supongo que hay que seguir peleando por causas perdidas, a las otras no les veo ninguna gracia.