Si duras lo suficiente en cualquier relación, te preguntas que dónde quedó la pasión. También con la escritura (y con cualquier forma de arte, en realidad).
Hace poco, hablaba de cómo echaba de menos ser aquel idiota de los comienzos hace tanto tiempo, que escribía en cualquier sitio a todas horas, contra el viento y la marea de lo cotidiano.
Hoy, es muy diferente.
Hoy, es la disciplina de antes de las seis y buscar tiempo por los rincones cuando la necesidad aprieta, en ocasiones mezclado con esos momentos de obsesión que son un destello de los viejos tiempos. Pero hay un cambio importante, que se resume en la respuesta que dio el director Richard Linklater cuando le preguntaron por su arte.
Cuando me preguntabas (y es una pregunta importante y clave), ¿cuál era tu relación con el trabajo entonces? ¿Eres tan apasionado como antes? Tuve que pararme a pensar bien sobre eso.
Mi análisis es que ahora eres otra persona diferente con necesidades diferentes. Y mucho de todo lo relacionado con el arte está basado en la confianza. Cuando estás comenzando en el arte, o en cualquier cosa en la vida, no puedes tener la confianza porque no tienes la experiencia, y sólo puedes conseguir dicha confianza con experiencia.
Pero tienes que tener bastante para hacer una película. Así que la única manera de contrarrestar esa inexperiencia es a través de la pasión absoluta, del espíritu fanático. […] ¿Soy tan apasionado como era en mis 20? ¿Arriesgaría mi vida? Si mi mejor amigo y el negativo de mi película se estuvieran hundiendo en el mar, ¿a quién salvaría?
El veinteañero diría: «¡A mi película!». Pero esa no sería la respuesta ahora.
No me avergüenza decirlo, porque toda aquella pasión no se ha marchado. Se dispersa un poco de manera sana. Me apasionan más cosas. Me importan más cosas y eso me sirve bien. La relación más fascinante que tenemos es con nosotros mismos en diferentes etapas de nuestra vida. Miras atrás y dices, ya no soy tan apasionado como cuando tenía 25, y gracias a dios. Esa persona era muy insegura, muy poco amable. Ahora eres mejor que eso.
Espero.
De manera inevitable, cualquier relación se transforma y más vale, porque de lo contrario, no crecerá. No llegará lejos y no permitirá experimentar todo lo que esa relación es capaz de ofrecer. Será un cliché limitado y repetitivo que habla de pasión, sueños y bohemia.
Y eso es muy irritante y tópico.
Necesario, pero tópico. Una de esas etapas, como la adolescencia, que resultan fundamentales, pero que producen repelús cuando miras atrás y ves cómo eras lo mismo que todos, cuando te creías tan diferente.
Con el tiempo, la relación con la escritura evoluciona hasta hacerse propia, abandonando caminos trillados y adquiriendo una forma particular y nuestra, donde no hay correcto o incorrecto, sólo que se haya hecho el trabajo o no, salpicado con esos momentos de arrebato que recuerdan a aquellos tiempos, pero de una forma diferente.
Al principio, como no tienes esa experiencia, ni llevas tanto con la escritura como para haber creado esa conexión íntima e irrepetible de las buenas relaciones, compensamos como hacemos siempre las personas, imitando al resto, a los que admiramos. Nada tan común, en tiempos confusos, como mirar alrededor a ver qué hacen los demás. Y así te conviertes en otro irritante remedo de Kerouac o el enésimo clon de Pizarnik, que confunde intensidad con profundidad.
Y está bien, es necesario, pero lo que buscamos está más allá y tiene más de nosotros que del resto.
Paradójicamente, empezar a encontrarlo suele suponer que la pasión por escribir se transforme o muera, al menos un poco, para averiguar qué hay más allá de ella. Si es que realmente hay algo y no todo era pose, arrebato y aire, comprar la guitarra para que coja polvo o creer que serás quien escriba «la gran novela de tu generación».
Uf.
Tópicos y clichés en los que nos montamos para poder llegar más adelante.
Cambiar o morir es la disyuntiva de cualquier relación y no hay nada más angustioso y patético que vivir atrapados en un día de la marmota, por atractivo que parezca para quien lo ve desde fuera, no comprende aún todo esto y cree que el mito de la pasión y el arte son lo único que hay.
Hay muchas cosas más que descubrir y la respuesta correcta es siempre salvar a un amigo.