Por qué «sigue tu pasión» es el peor consejo a la hora de escribir (y de todo)

No es la primera vez que digo que, en la escritura, el talento es un mito y que lo que importa para que surja ese talento, realmente, es la práctica. Y si esa práctica se convierte en rutina, mucho mejor. Nos dejamos llevar por el mito del genio, pero la realidad es que todos y cada uno de los «grandes», y es casi imposible encontrar excepción para esta regla, trabaja(ba)n cada día. Tampoco es la primera vez que digo que, en general, nos dejamos engañar por demasiados mitos e historias, y que nos cuesta despegarnos de ellas. No sé si es porque queremos creer que a la vida le queda algo de magia (como si alguna vez la hubiera tenido) o porque necesitamos sentir que hay algo de especial en nosotros y nuestro arte. Esa necesidad de no reconocer la insignificancia es tan antigua como el ser humano. Hacemos cualquier cosa para defendernos de que todo sea un instante aleatorio que no viene ni va a ninguna parte. Por eso creemos en cosas como que seguir nuestra pasión nos dará la felicidad. Cosas como que si haces lo que amas no trabajarás ni un día, etcétera. Siempre hay gente (no me ves pero tengo una mano levantada y me señalo con un dedo) que viene a arruinar esas cosas en nombre de lo que probablemente es verdad, como si alguien quisiera esa verdad, «aquí nadie la pedido, no vengas jodiendo». Pero he aquí que esa gente no entiende a la otra gente y le pisa sus castillos de naipes con esa verdad. En realidad es sin querer, y a lo mejor se sorprenden de que les echen a ellos y su verdad, en vez de agradecerles que les dijeran lo que era cierto. Y lo cierto es que «sigue tu pasión» es uno de los peores consejos que se pueden dar. Cal Newport es una de esas personas extremadamente inteligentes, él, y sus libros, y sus computadoras, buscan desentrañar un poco la verdad. Es imposible, claro, pero al menos disipan un poco la niebla y, de paso, rompen unas cuantas ilusiones, como la de que seguir una pasión es algo que nos hará felices. Voy a citar (más o menos) unos pedazos de su libro So good they can’t ignore you, porque soy vago bajo este sol de justicia y además él dice las cosas mucho mejor que yo (las negritas son mías).

La sabiduría convencional sobre el éxito en tu carrera —sigue tu pasión— adolece de un defecto serio. No sólo fracasa para describir la verdad acerca de cómo la gente termina desarrollando carreras que les satisfacen, sino que para muchos empeora las cosas, llevando a cambios crónicos de trabajo y una angustia que no termina. […] Si «sigue tu pasión» es un mal consejo, ¿qué hacer en su lugar? […] La pasión es un epifenómeno de una vida de trabajo bien vivida. No sigas tu pasión, en vez de eso, deja que ella te siga a ti en tu búsqueda de convertirte en alguien tan bueno que es imposible que te ignoren. Quita tu atención de encontrar el trabajo perfecto y ponla en hacer un trabajo perfecto, así construirás un amor por lo que haces.

Ahora, si bien Newport habla en general de una carrera profesional, eso incluye la escritura, que no es especial y está sujeta a las mismas reglas que cualquier otro trabajo o arte al que uno se dedique profesionalmente. Newport tampoco dice las cosas por decir, se basa en los datos que se han recogido, durante todo este tiempo, sobre los factores que determinan la satisfacción y felicidad con aquello que se hace. En ninguno de esos casos haber seguido una pasión inicial era un elemento explicativo relevante. De hecho, relevantes eran tres cosas: independencia a la hora de trabajar, haber conseguido un buen nivel de habilidad en la tarea y por último una conexión social con los demás. A la hora de escribir, lo primero lo podemos tener, obviamente, mientras que lo último… Bueno, escribir se hace solo, la verdad. Luego ya hay algunos como yo que nunca se juntan con otros escritores y hay otros a los que les gusta hacerlo. Allá cada cual aunque de la parte solitaria a la hora de trabajar nadie se libra. La cuestión es que, siendo así, la clave de todo queda en medio, en esa segunda característica La conclusión más relevante que nos vamos a negar a creer —porque vendrá otro vendehumos a decirnos que sigamos nuestra pasión y le compremos su fallido método de cómo hacerlo—, es que: Al igual que el talento surge de la práctica constante, el amor verdadero y una satisfacción feliz también surgen de haber conseguido un excelente nivel en lo que haces. Es decir, en palabras de Newport, de «haberte hecho tan bueno como para que no puedan ignorarte», algo que sólo vas a conseguir con dedicación constante. Ese amor duradero y real se retroalimenta y crece con el buen trabajo. Aquí lo del huevo y la gallina resulta claro y resulta que es al revés de lo que todo el mundo piensa. Lo sé, lo sé. Lo nuestro es arte y no está sujeto a esas reglas, nosotros somos especiales, destellos en esta oscuridad mediocre y no como el resto, al que quizá sí se le aplica eso, ¿cómo puedes comparar escribir con un operario de fábrica? En serio que lo sé, sé que no podemos dejar que la fría verdad arruine las fantasías que acabarán con nosotros. Mejor seguir soñando, que así no sudas ni pasas malos ratos cuando imaginas firmar en El Corte Inglés a una fila de adolescentes, ahí sonríes mucho y llevas una gorra del revés. Es mejor creer en las comedias románticas, aunque sea obvio que el amor no es una chispa que surge mágicamente y te impulsa todo el camino. Eso no sucede en la realidad si la miras con un mínimo de objetividad, pero, ¿a quién le importa la puta realidad? Puedes tener una inclinación a escribir, enseñar, pintar, boxear o lo que sea, y he ahí el comienzo. Pero no vas a tener una satisfacción plena y un amor completo hasta que no seas bueno o el final de la película te sorprenda intentándolo, hasta que no hayas adquirido una mentalidad de artesano que se basa en procurar hacer las cosas mejor que ayer y así cada día. La chispa inicial te empuja dos metros y no te puedes fiar de ella, porque te empuja al lodo las más de las veces si no das tú otros cuantos pasos. Nada hay más común que los que dicen que tienen que escribir, los que dicen que se van a poner con su novela, que lo comentan en Twitter y lo comentan en Facebook, pero no se levantan al alba y se ponen varias horas con el móvil e internet desconectados. Eso significaría trabajo, y parece incompatible con la noción de arte, aunque sea porque nos han instalado las nociones equivocadas. Ahora ve y sigue tu pasión.