No soy muy mitómano, pero de vez en cuando, y por las cosas más inesperadas, alguien se convierte en un espejo en el que mirarse, sólo por algo concreto que hizo una vez y sin importar qué más haya hecho o hará.
David Simon, escritor de series como The Wire, Generation Kill y Treme, dijo un día en una entrevista:
«Mi estándar para la verosimilitud es simple y viene de cuando empecé a escribir prosa narrativa: Que le jodan al lector medio».
Simon empezó a escribir en un periódico y la premisa que le enseñaron allí era justo la contraria: hay que escribir para el lector medio, con una capacidad de comprensión de séptimo grado.
Y lo odiaba y lo odió también cuando empezó a escribir ficción, porque eso no lleva a ningún sitio, excepto a lo mediocre.
No tiene que ser a lo mediocre en cuanto a malo, sino a su principal acepción, el terrible punto medio y no salirse de las líneas pintadas.
Y es que, si lo vas a hacer así, como todos los demás, ¿para qué molestarte?
Simon aplicó esa filosofía a su manera de escribir televisión y volvió a repetir su mantra en otra entrevista en The Guardian: «Fuck the average viewer».
Él habla de narrativa para disfrutar de una manera en la que estés presente de verdad. Una narrativa que no puedes ver o leer mientras revisas las notificaciones del móvil. Una narrativa en la que, si no estás atento a los detalles de la página veinticinco, eso vendrá a morderte en la noventa y dos.
Simon habla de una manera de escribir en la que no tengas que amputar las aristas para que encaje en un molde, que no camine por la fórmula habitual como en un desfile militar, sin poder perder un paso ni improvisar otro.
Y lees eso y piensas: Hay frases que hubiera querido decir yo.
No soy mitómano, pero hay algunos con los que me tomaría una cerveza.