Ya hablé hace un par de años de Nick Cave y su boletín: The red hand files.
Y hoy vuelve por aquí con algo tan poderoso como lo que compartí en la ocasión anterior. Porque hace tiempo, alguien le envió una canción hecha por ChatGPT «al estilo Nick Cave» para que le diera su opinión.
Y lo que dio fue una lección sobre la creación y el arte que todo el mundo debería leer. Por eso, he aquí mi traducción de su respuesta.
Querido Mark,
Desde su lanzamiento en noviembre del año pasado mucha gente, la mayoría con una especia de asombro algorítmico, me han enviado canciones «al estilo Nick Cave» creadas por ChatGPT. Hay docenas de ellas. Baste decir que no siento el mismo entusiasmo por esa tecnología. Entiendo que ChatGPT está en su infancia, pero quizá ese es el horror emergente de la IA, que siempre estará en su infancia, ya que siempre podrá ir más allá y la dirección es siempre hacia adelante, siempre más rápido. Nunca se puede revertir o enlentecer, ya que nos mueve a un futuro utópico, quizá, o hacia nuestra destrucción total. ¿Quién puede decirlo? A juzgar por esta canción «al estilo Nick Cave», sin embargo, no pinta bien, Mark. El apocalipsis está en marcha. Esta canción apesta.
Lo que es ChatGPT, en este caso, es una farsa de replicación. Puede que sea capaz de escribir un discurso, un ensayo o un obituario, pero no puede crear una canción genuina. Puede que quizá, con el tiempo, pueda crear una canción que, superficialmente, sea indistinguible de una original, pero siempre será una replicación, una especie de burlesque.
Las canciones surgen del sufrimiento, el cual está predicado en la lucha compleja, interna y humana de la creación y, bueno, hasta donde yo sé, los algoritmos no sienten. Los datos no sufren. ChatGPT no tiene un ser interior, no ha estado en ningún lado ni ha soportado nada, no ha tenido la audacia de ir más allá de sus limitaciones y, por tanto, no tiene la capacidad de una experiencia trascendente compartida, ya que no tiene limitaciones que trascender. El melancólico papel de ChatGPT es que está destinado a imitar y no puede tener nunca una experiencia humana auténtica, no importa cómo de devaluada e inconsecuente quede esa experiencia en los tiempos que vienen.
Lo que hace grande a una canción no es su parecido a un trabajo reconocible. Escribir una buena canción no es mimetismo, replicación o pastiche. Es lo contrario. Es un acto de auto-asesinato que destruye todo lo que uno ha conseguido producir en el pasado. Son esas desviaciones peligrosas e infartantes las que catapultan al artista más allá de los límites de que él o ella o reconocen como su propio yo. Esto es parte de la auténtica lucha creativa que precede a la invención de una letra única con valor real; es la confrontación sin aliento con la vulnerabilidad de uno mismo, la peligrosidad de uno mismo, la insignificancia de uno mismo, enfrentadas contra un sentido de descubrimiento súbito chocante. El acto artístico redentor remueve el corazón del que escucha, donde ese oyente reconoce en lo interno de la canción a su propia sangre, su propia pelea, su propio sufrimiento. Esto es lo que los humildes humanos pueden ofrecer, y lo que la IA sólo puede imitar, el viaje trascendente del artista que forcejea con sus propias limitaciones. Ahí reside el genio humano, profundamente inserto con esas limitaciones, pero capaz de llegar más allá.
Puede sonar a que me lo tomo un poco personalmente, pero soy un escritor de canciones que está, ahora mismo, en ese proceso de creación. Es un negocio de sangre y tripas, aquí en mi escritorio, que requiere algo de mí para comenzar una nueva idea fresca. Requiere mi humanidad. Qué nueva idea es no lo sé, pero está ahí fuera, buscándome. Y con el tiempo, nos encontraremos.
Mark, gracias por la canción, pero con todo el amor y respeto del mundo, esta canción es una mierda, una burla grotesca de lo que es ser humano y, bueno, no me gusta mucho, aunque, ¡espera!, releyéndola hay una línea que me habla directamente:
Tengo el fuego del infierno en mis ojos.
Dice la canción «al estilo Nick Cave», y eso es más o menos cierto. Tengo el fuego del infierno en mis ojos, y es ChatGPT.
Con amor.
Nick.