Relato. El sentido de la vida

Silvio, que nunca lo buscó y no tuvo el más mínimo interés, conoció el sentido de la existencia cuando vio un billete de 5 euros en el suelo. Se agachó a por él, el pantalón cedió por el culo, se desgarró y a la vez también lo hizo la cortina de ilusión que cubre la realidad. Los dos rotos hicieron el mismo ruido. Silvio pudo ver por la abertura al otro lado de lo que existe y comprendió. Había un sentido y un propósito, piezas que encajaban en un engranaje imposible, de metal injertado en carne. Éste se elevaba y retorcía en mil direcciones, ocupando todo y moviendo la existencia tras el telón que se había rajado. Infinidad de destellos cegadores y pequeños se afanaban alrededor de la maquinaria, manejándola, manteniéndola, cumpliendo como luciérnagas el esquema de las cosas. Eso y cien imposibles más vio en un segundo por la rendija descosida. Silvio se alzó, se puso la mano en el trasero para taparse el roto y la cortina rasgada se cerró, cosida en un instante por esas luces. Miró su mano y era cinco euros más rico. Su cabeza recordó lo que había visto y se sentó en el suelo allí mismo, bajo muecas raras de los que pasaban y le esquivaban. Miraba a su billete, miraba a la nada. Silvio descubrió que había un sentido. Lo que millones buscaron y ninguno encontró, él pudo verlo cuando se le rompió el pantalón por detrás y con el pantalón la realidad. Y luego se hizo un ovillo en la misma acera queriendo llorar y que no le levantaran. “¿Está bien? ¿Le ocurre algo?” Preguntó alguno. ”Que todo encaja”, respondió. Y el alguno que preguntaba se marchaba con el ceño encogido, haciendo gestos a otros que pasaban. ”Está loco”, oyó susurrar. A Silvio le daba igual porque había un propósito, no éramos capricho de un azar destinado a la nada tras un breve suspiro en este mundo. Pero que hubiera un sentido no significaba que fuera bueno. Porque pudo ver el rostro del titiritero tras el telón y sonreía, con los colmillos manchados de sangre.