El tiempo robado

El tiempo robado

Voy a ser lo que más odio, pero supongo que te conviertes en eso tarde o temprano. Voy a ser un tópico, pero una de las mejores decisiones que he tomado ha sido cerrar las redes sociales. Dejar de participar activamente en ellas, excepto por enlaces el envío de enlaces automatizados a estos escritos, en los que ya no intevengo y que quedan para alguna cuenta en Bluesky con un puñado de seguidores que no estoy seguro de para qué abrí y supongo que también acabaré cerrando más temprano que tarde. Y siguiendo por el camino del tropo, eso me ha permitido encontrar parte del tiempo perdido por los rincones.

El tiempo y, sobre todo, la atención que, más que perdida, nos es robada.

A esto contribuye la manía insana que le pillé al móvil desde el primer minuto y que se ha acentuado de un tiempo a esta parte, ignorándolo en silencio en la otra punta de la casa o quedándose en ella si salgo.

Cuando cierras el grifo a ese torrente interminable de basura superficial, mentiras y postureo que entra por esa pequeña ventana siniestra, puedes oírte pensar cada vez más. Y eso lleva a extraer conclusiones, idear historias, querer ponerlas sobre el papel, volver a hacer planes, pensar en proyectos…

Crear en definitiva, en lugar de consumir basura que no mejora la vida de nadie, pero empeora la de todos.

Alguien me dijo que, si abandonaba las redes sociales, cómo iba entonces alguien a leer lo que escribo. Amigo mío, ya se escribía y se leía mucho antes de las redes sociales, que no son más que otro juego de lotería donde se pone delante de ti el palo con la zanahoria de la audiencia y la influencia.

Pero no.

No, excepto para unos pocos afortunados que son como esos de la tele descorchando el champán el día del Gordo de Navidad.

Además, las redes sociales, en caso de que tengas éxito, piden cada vez más y, en mi opinión absolutamente cuñada, te vuelven profundamente gilipollas, un polichinela de la tiranía del contenido.

Para mí la cuestión es la siguiente. El tiempo es lo más valioso porque es lo más escaso, ya que no puedes crear más tiempo y, cuando se vaya a terminar, probablemente querrás dar todo lo que tengas por un poco más, lo que demuestra su verdadero valor. Todos tenemos esos minutos determinados y no sabemos cuándo van a terminar.

Sin atención, esos minutos no valen nada. Si estamos distraídos, es tiempo perdido, al contrario del que empleas en no hacer nada conscientemente, en descansar y dedicarte al dolce far niente. Pero pegado a la pantalla se hizo de noche otra vez y no sabes dónde fueron esas horas que pasaste haciendo scroll en Twitter para destrozar aún más tu salud mental.

La atención es lo que da valor al tiempo, la atención es lo que da valor a todo, por eso los demás, los que tienen algo que vender, la quieren constantemente. No en vano, a la economía actual se le suele llamar Economía de la Atención.

Así que, con la misma promesa falsa de siempre, la de la fama, nos roban esa atención, dedicándola fantasmalmente a la nada, perdiendo una enorme cantidad de tiempo, con la esperanza para ellos de que tarde o temprano hagamos clic en algo y compremos, ya sea un producto de mierda o una ideología aún más mierda.

Y por el camino estamos más enfadados, más tristes, más desconectados de la realidad de los demás, de lo que antes nos llenaba, de la propia lectura y de la escritura, que se vuelve también superficial, contagiada por la necesidad de atención como sea.

Escribo profesionalmente para pagar las facturas y he podido ver como el estilo que se demanda es cada vez más inane. Párrafos más cortos hasta quedarse en una frase por línea, palabras más sencillas, nada de oraciones anidadas… Es importante que la lectura produzca el efecto contrario al que ha hecho siempre, en vez de estimular y tener que reflexionar, que pienses lo mínimo y que no haya rozamiento ni razonamiento.

Y así todo se va descafeinando y convirtiéndose en este amasijo cultural extraño, indistinguible, exento de personalidad desde hace al menos 25 años. El arte imitando a ChatGPT, el mínimo común denominador y mediocridad por todas partes.

Y en cuanto a la promesa de fama y la amenaza de no alcanzarla, no sé ni de qué me hablan, porque es difícil llorar por la perdida de algo que nunca tuviste ni quisiste.

Cada miércoles, salvo motivos de fuerza mayor o algún descanso que me he permitido desde un par de años para acá, seguiré creando aquí en vez de haciendo scrolling y, en los minutos que encuentre por las esquinas, seguiré leyendo en vez de mirando superficialmente. Y además de esta web, si hay alguien más que quiera leer esto, hay una lista de correo para recibir un aviso cada vez que escribo, y que supongo que no comento mucho, por no decir nada.

Nos vemos ahí fuera.