Ya conté que fui criado por aforismos y he aquí lo que ocurre con esa clase de educación, que a veces tiene las mejores intenciones, pero eso no significa los mejores resultados.
El poder de la escritura es tal, que una frase lo bastante buena puede parecer lo bastante cierta. Pero ambas cosas no son lo mismo, de hecho, suelen estar en diferentes márgenes del río.
Cuando era más joven me gustaban toda clase de frases que sonaran suficientemente bien. Para mí, no necesitaban otra característica, me fijaba en el físico, en esa sensación a primera vista, a la que no le hacía falta profundidad o veracidad para que me la llevara a casa y la hiciera mía.
Una de esas frases era: «Trabaja cada día en lo que te gusta y no trabajarás nunca más».
Oh, si caí en sus redes. Con la sabiduría que me da el fracaso, que dijo el poeta, ahora me pregunto cómo pude ser tan preso de ese maquillaje sin nada detrás.
Pero bueno, ¿quién no ha hecho idioteces en su juventud y creía tener todas las respuestas? ¿Quién no se perdió en el bosque una y otra vez tras prometerse que sería la última? El orden natural de las cosas.
Esa clase de frases tienen otra característica habitual, tienen muchos padres y ninguno. La frase de hoy se atribuye a Confucio, al pobre Twain (que se revuelve en la tumba) y a muchos otros. En realidad, nadie sabe quién dijo tamaña tontería.
Cualquiera que haya hecho de su gusto su trabajo habrá descubierto que hay días nublados y días de sol y que a veces el sol, como tienes trabajo y no puedes levantar la vista de él, te lo pierdes igualmente.
En realidad, la culpa no es del trabajo, es de la noción equivocada de que existe un momento en la vida en la que todo se va a volver fácil por fin. Cuando seas adulto y tomes tus decisiones, cuando ganes más dinero, cuando tengas una casa o a otra persona al lado, cuando te jubiles y ya nada te preocupe, cuando te mueras y ya nada te preocupe… Bueno, con esto último puede que al fin sí.
Hace un tiempo se pusieron de moda artículos calcados de cómo influencers y youtubers (¿habrá nombres más estúpidos?) con vidas aparentemente idílicas, en realidad estaban quemados y todas esas imágenes perfectas eran puto teatro, máscaras de la ansiedad y la depresión.
Qué sorpresa.
Lo mismo se puede aplicar a la escritura y a cualquier cosa, lo hagas por amor o dinero, o ambas cosas a la vez, convertirás a ese amor en aquello en lo que se transforma cuando estableces una relación duradera.
Y sí, lo sentirás como un trabajo muchas veces y habrá no pocos días de mierda en los que te arrepientas y así debe ser, así es la vida real a prueba de aforismos.
Supongo que mejor de esta manera porque, ¿hay algo más irritante que esos personajes que parecen felices siempre? No engañan a nadie con más de quince años y, en el fondo, producen la sensación más triste.
P.D.: Se ha demostrado, de hecho, que cuando conviertes una pasión en un trabajo, y el dinero entra en la ecuación, acabas aborreciendo eso que te encantaba. Menos mal que en el caso de los escritores lo primero es tan improbable que lo segundo queda a salvo.