Hace unos meses, hablaba con el escritor mexicano Daniel Centeno de su experiencia con los concursos literarios, una de esas salidas que a veces intentamos con la escritura.
En ese texto comentaba la experiencia de Daniel con ellos, la mía propia y la de otros escritores, en cuanto a lo que supone de visibilidad o impulso para la carrera literaria (spoiler: nada).
Sin embargo, como he comentado alguna vez, participo en ellos de vez en cuando, por aquello de que mi escritura salga a ver mundo, ya que hace años que la industria de la publicación y lo que la rodea no lo toco ni con un palo.
Así que, para calmar la voz culpable de que pasan los días y se acumulan los textos en el cajón, pongo algunos de ellos en el cajón de otros.
Como suele pasar con casi todo lo relacionado con la escritura, ganar un concurso es extremadamente difícil y en buena parte se debe a la saturación. ¿Cómo se decide que un relato o una novela es mejor que otras 500 o 1000? Porque esas son cifras habituales en esos certámenes.
No soy un experto en el tema, aunque ya hablé de cómo otros escritores sí lo son. Autores especializados en esta clase de eventos que tienen muy tomada la medida a lo que son y cómo funcionan.
Durante el último año me habré llevado un par de premios, varios segundos, terceros, etc, un puñado de finalistas, algunos relatos publicados aquí y allá en microediciones que apenas se ven, o quedan en bibliotecas de pueblos y sedes de asociaciones. Alguna de ellas, incluso al otro lado del océano últimamente.
No soy nadie con esas cifras, pero, como a lo largo de todo este tiempo me han preguntado alguna vez sobre el tema, he aquí algunos consejos en mi experiencia. Que sé que no son extrapolables necesariamente, pero pueden dar una idea de cómo es el mundillo y quizá otorgar alguna probabilidad más de, al menos, rascar la final, conseguir esa publicación o incluso rozar algún premio.
Y mi primer consejo, con esto y con todo, es buscar a alguien que sepa mucho más que tú y preguntarle.
Eso he hecho con el escritor Santiago Eximeno, dado también a presentarse a certámenes y con un palmarés impresionante. No en vano, en más de uno ha barrido el suelo conmigo y con el resto, así que de esto sabe mucho más que yo.
Y he aquí lo que me dijo:
Tuve una charla en el Discord de la asociación Pórtico sobre el tema de concursos y dije unas cuantas frases sobre el tema. Para ganar concursos solo se puede hacer una cosa: perder muchos más.
Esta es la clave, y voy a desarrollarla un poco. Es casi imposible que te presentes a uno y lo consigas, llegar y besar el santo queda para las películas y los libros malos. La escritura es una cuestión de disciplina, proceso y trabajo continuo y, cuando se trata de concursos, también.
Tanto Eximeno como yo, y entiendo que casi todos los escritores que se presentan asiduamente a concursos, mantenemos una hoja de cálculo con los envíos a certámenes.
He aquí lo que comentaba Santiago en su cuenta de Bluesky.

Y he aquí mi respuesta, mismo sistema, distintos detalles.

En esas hojas está el nombre del concurso, lo que envías, el plazo, la fecha de fallo cuando la ponen, detalles de formato…
Así que el primer consejo no podría ser más acertado. Ganar es una cuestión de perder mucho y estaría bien tener tu propio Submission Grinder como lo llama Santiago.
Porque, o te organizas, o el caos se hace mayor enseguida.
Sin embargo, sus consejos van más allá.
Es esencial que tu texto se diferencie del resto. Nunca gana «el mejor» relato. Gana el que en ese momento despierta sensaciones en el jurado. El que evoca, el que ofrece un momento de maravilla o de dolor. «Mejor» es un concepto extraño en un concurso literario.
Efectivamente, has de destacar, porque entre cientos y cientos de textos, algo debe mover a los jueces. ¿El qué? Profundizo un poco más adelante, pero he aquí la visión de Eximeno, que merece la pena grabarse a fuego.
Se suele hablar de la importancia de la primera línea. De la vuelta de tuerca al final. Yo lo que creo que hace que destaque un texto es que provoque sensaciones, que te haga sentir odio, dolor, cariño, ternura, paz. Que te haga sentir.
Por supuesto, lo obvio es que debe estar bien escrito. Y que, como decía, sea evocador por una metáfora o un símil hermoso. Hay que saber qué quieres narrar. Yo creo que un escritor debe saber de qué va su texto, reducirlo a una sola palabra, a una línea. Y una vez comprendido, definir el estilo y la atmósfera en esa línea. Trabajar cada elemento del texto para que construya ese mensaje de pena, de tristeza, de alegría, de pérdida. Que el lector, cuando termine el texto, se diga: «Ah, lo entiendo, lo debería haber sabido porque lo impregna todo desde el principio».
Y el broche final:
Dice Knizia, el gran diseñador de juegos de mesa, que el objetivo del juego es la victoria, pero que lo importante no es la victoria, sino el objetivo. Participa en los concursos con la idea de ganar, pero que lo valioso sea tu texto. Que sea tuyo y que puedas defenderlo siempre, sin importar si ha participado en un concurso, si lo ha ganado o lo ha perdido.
Santiago ya dice lo más importante, así que, como no voy a poder escribirlo mejor que él, voy a comentar algunas puntualizaciones adicionales y menos ortodoxas sobre el mundillo, que quizá sirvan también.
La primera es, obviamente, evitar los concursos amañados. Me refiero a Planetas, Nadales, etc. Están preconcedidos y no son concursos de verdad, sino maniobras de marketing.
La mayoría de los que no están arreglados de antemano son convocados por ayuntamientos y organismos públicos, o bien por asociaciones culturales, literarias, etc.
En esos casos, mi recomendación es abstenerse de los que sean sustanciosos económicamente. O por lo menos, saber que las posibilidades de ganar van a ser muy remotas. Si conceden 300, 500, 1000 euros o más, que sepas que van a descender sobre ellos todos esos de las hojas de cálculo mucho más profesionales que la mía o la de Santiago.
Esos autores, expertos en ganar y que se conocen entre ellos, se suman a que, fácilmente, se reunirán más de 500 u 800 textos en la competición.
Así, son presas más fáciles (por haber menor competencia) los que dan galardones monetarios más modestos o cuando el premio es sólo la publicación, lotes de libros, etc.
Lo mismo ocurre con los que piden solamente envío en papel y por correo postal, en lugar de electrónico. Habrá menos competencia, pero si son sustanciosos acudirán los «profesionales» e incurrirás en gastos.
Eso sí, mira muy bien si has de acudir a recoger el premio obligatoriamente. Lo especificarán las bases y te darás cuenta de que lo ganado se va con lo gastado en llegar a un pueblo remoto, alojarte, pagar la insufrible gasolina, etc.
Fíjate también, si lo pone, en quién es el jurado… y ajusta el relato a eso. Si en dicho jurado hay escritores con cierto nombre o profesionales, apuesta por un texto más literario. Si no ves algo así, yo diría que te lanzaras por algo más efectista.
Por supuesto, lo dicho antes por Eximeno en cuanto a crear emoción se mantiene siempre, en esto y en todo a la hora de escribir, pero ya me entiendes.
Verás, como bien dice Santiago, no gana el texto mejor escrito, no siempre y no la mayoría de las veces. Hace tiempo, me enviaron la edición de una de las antologías en las que quedé entre los primeros y empecé a leer al ganador, con la curiosidad de saber qué habían valorado.
El texto, que no parecía demasiado bien corregido, no tenía ni las comas bien puestas y reconozco que no pude pasar de las dos primeras páginas. Ya sé toda esa tontería de que no hay texto malo (claro que lo hay), pero me pareció ilegible. Eso sí, también me lo parecen la mayoría de libros que más se venden, pero ahí entra el hecho de que, precisamente, si yo fuera jurado, no valoraría igual que la mayoría de los que se sentaran en la misma silla.
Tengo muy claro que mi gusto personal no es brújula de nada, pues me gusta lo diferente, lo extraño, lo que no va por los caminos de siempre. Pero lo que quiero decir es que escritores profesionales no van a valorar lo mismo que otras personas no dedicadas a esto.
Dicho esto, si es posible, una de las mejores cosas que puedes hacer es analizar los textos ganadores del concurso otros años, si es que no es la primera edición. Yo no lo hago, porque como pasa con todos los consejos buenos, no los sigo. Sin embargo, te puede dar una idea de las temáticas, estilos y narraciones que parecen conectar con los organizadores de ese certamen en particular.
A menos que dicho certamen sea de un género definido, como el terror, la ciencia ficción, etc, yo no apostaría por escritos truculentos, sangrientos o adscritos a temáticas más escabrosas. Tampoco textos raros o experimentales. No estoy diciendo que no escribas lo que quieras, ese precepto es sagrado, pero, a la hora de enviar algo, rebusca entre otra clase de textos que no sea esa.
Por supuesto, pueden tener ese punto de violencia o terror en un momento determinado o en el clímax y, de hecho, serán ese momento o guinda que cree una emoción, pero, en general, relatos de género no funcionan bien en concursos que no son de ese género. Y la experimentación con nuevas narrativas y similares, tampoco.
Muchos concursos piden que el texto sea inédito, que no esté pendiente de fallo en otro certamen, etc. Eso supone un enorme escollo y una cierta injusticia, porque la creación literaria bien hecha es lenta y sólo un 10% de lo que escribes será mínimamente decente, mientras que un 1% puede ser candidato a llevarse algo en esta clase de certámenes. Del mismo modo, te bloqueará un posible texto bueno durante meses, que no podrás presentar a otros concursos mientras tanto, hasta que finalmente te digan que tampoco lo conseguiste.
Que cada uno haga con esos requisitos lo que estime conveniente, yo no voy a decir que te saltes las reglas, porque igual te encuentras en una situación incómoda, pero allá cada uno.
Por último, sintonizar con el Zeitgeist o el espíritu de los tiempos puede darte algunas décimas más. Por ejemplo, si el tema de la desigualdad social o de género, los refugiados, cierto clima social, etc, está en la mente de todos, escribir sobre ello puede ayudar a conectar, al menos, en mi experiencia.
Por último, hay ciertos sentimientos y emociones que suelen ser más populares en estos certámenes: la nostalgia, la infancia, la inocencia robada, el amor perdido o la pérdida en general… Todas esas experiencias compartidas también las habrán vivido quienes van a juzgar tu texto. Si conectas con ellas, son emociones más seguras que inclinarse por contar otras más oscuras o extrañas.
Eso sí, asumimos, una vez más, que son concursos de tema libre, no de género concreto.
Lo que quiero dejar claro es que los concursos son una parte del mapa de la escritura con sus propias reglas, características e idiosincrasia, y si la conoces un poco, quizá aumentes las probabilidades de ganar algo. No mucho, porque al final será la suerte, como en todo, la que más cuente. Pero dado que la vida es un juego de probabilidades, espero de veras que esto sirva para aumentar un poco las tuyas.