A principios de año hablaba de perspectiva, fundamental para mí porque la escritura es un acto solitario y el problema es que así vemos la casa solamente desde dentro, pero eso no nos da la perspectiva completa de dicha casa. O más bien no nos dice cómo la van a ver otros, ya que lo harán casi siempre desde fuera, por lo menos al principio.
Y la pregunta es, ¿cómo es la casa realmente? ¿Como la vemos nosotros o como la ven los demás?
La respuesta es que ambas son la casa y, para el escritor solitario, escribir desde dentro no le da la imagen completa. Ese es el talón de Aquiles.
¿Cómo se soluciona eso sin ir a buscar a otros que no condicionen la escritura con sus sesgos propios?
Los lectores cero suelen ser personas cercanas con una cierta relación. Eso influenciará demasiado su opinión porque las personas no podemos ni debemos separar las emociones.
Un corrector tiene una función fundamental, pero no la de arreglar la esencia de nuestro libro, al corrector ya tenemos que ir con esa esencia bien formada.
Un editor no te dará respuesta, ya no porque los tiempos han cambiado, además de que al editor le quieres presentar el manuscrito en una etapa más avanzada, con este trabajo de perspectiva bien rematado.
Si optamos por escritores, la cosa es peor. Cada uno tiene una visión diferente y queremos nuestras palabras e historias, no las de otros. Además, como escritor, si te preguntan opinión, te vas a ver obligado a decir siempre algo, a interpretar el papel de maestro y crítico como sea.
Para mí, ir a que otros describan la casa no arregla el problema, sólo lo traslada de lugar, porque ese problema consiste en discriminar lo realmente «bueno» y lo que realmente quieres decir. Y cuando alguien nos dice algo, necesitamos lo mismo que cuando nosotros escribimos algo: discriminación de lo que brilla como oro y lo que brilla como pirita entre el barro, sea propio o ajeno.
Eso sí, es innegable que la perspectiva externa puede tener ventajas en ocasiones, como ver flaquezas básicas si estamos empezando en la escritura y tropezamos en las piedras habituales, o señalar manías y dejes obvios en nuestra forma de contar las cosas, a los que somos ciegos porque también somos humanos.
Siempre digo que no tengo solución ni respuesta, pero para algunas cosas, al menos tengo mis maneras y lo mejor que he encontrado para desenterrar ese oro es bondad, barbecho y autoodio.
Bondad infinita para el primer borrador, cuyo único objetivo es existir como sea y ya está. La calidad o mediocridad de ese borrador no importa, eso viene luego, así que la meta está en la palabra FIN. Hemos de llegar a ella como sea, declarar victoria y seguir adelante.
Personalmente, hago algunos repasos en caliente porque mi forma de escribir es tan confusa que sin eso no se entiende nada. Sin embargo, he visto los primeros borradores de muchos otros escritores y no lo necesitan porque su claridad es mucho mayor.
Y luego, viene el barbecho.
Dejo enfriar el manuscrito, lo que me permite salir de la casa, dar un paseo y verla desde fuera cuando vuelvo luego. Cuanto más tiempo tardo en regresar, más perspectiva. De hecho, el objetivo ideal es no recordar ni lo que había escrito, para verlo con ojos realmente nuevos y ese autoodio.
En la reescritura, el objetivo para mí es colocarme en el otro lado de la balanza respecto al manuscrito y, si entonces fui benévolo, ahora no puedo pasar ni una. La misión se resume en no dar cuartel ni misericordia.
«You must kill your darlings» es el lema de nuestra bandera ahora, porque los escritores tendemos a enamorarnos de nosotros mismos ya que probablemente nadie más nos querrá, así que no concedamos cuartel, porque la vida nunca nos lo dará.
Si el texto nos parece lo suficientemente nuevo, el pulido lo moldeará de acuerdo a nuestras propias manías, obsesiones y formas de ser, pero está bien, porque la clave es sacar nuestra propia canción de dentro, termine desafinando o no.
Aquí, mi mala memoria es por fin una aliada y veo la historia como si fuera de otro cuando me pongo, lo cual está bien. Nada más distorsionador que leer cincuenta veces lo mismo, porque pierdes de nuevo esa perspectiva, ya que el aburrimiento, la hartura y la fatiga que produce eso distorsiona demasiado la imagen. Si eso ocurre, no estamos viendo la casa y la receta es de nuevo más tiempo y distancia.
Misericordia en el borrador, crueldad en la reescritura y suficiente tiempo entre las dos para que funcione. Seguramente haya métodos mucho mejores para escritores solitarios, pero este es el mío.