Cómo vender mil libros en una semana

Cómo vender mil libros en una semana

En 2012, en apenas una semana, uno de mis libros (no disponible desde hace mucho), vendió mil ejemplares en Amazon y no es broma. Además, no requirió esfuerzo por mi parte. Ya que todo el mundo tiene un método para el éxito, voy a exponer el mío completamente gratis diez años después.

Acercaos a la hoguera, que lo que empieza como una historia, termina con otra.

En realidad, todo es muy sencillo, se resume en una palabra y, como dijo Galen Strawson en su día: «Lo devora todo».

Esa palabra hambrienta es suerte.

Si tuviera que desarrollar esa suerte en sencillos pasos a seguir, serían:

  • Fabrica una máquina del tiempo.
  • Retrocede más de diez años.
  • Suplanta mi identidad y circunstancia.
  • Publica ese libro en la tienda Kindle.

No hace falta más, ni siquiera que te esfuerces en promocionarlo.

Por aquel entonces, había pocos títulos en una Amazon que acababa de abrir sus puertas para los libros electrónicos en España, los lectores estaban ávidos de cualquier cosa y yo decidí probar.

El libro estuvo gratis unos días, lo que lo impulsó con algunos cientos de descargas hasta los primeros puestos. Dichas descargas contaban luego para los rankings de venta, así que, al terminar esa promoción, seguí siendo visible en las listas y la gente lo compró.

Así se mantuvo durante un tiempo en el que, durante unos siete o diez días, sumó unas mil ventas hasta que cayó de los puestos de cabeza, para no recuperarse más.

En definitiva, simplemente estuve en el momento y lugar adecuados.

Espoleado por aquello, tiempo después probé con otro. Repetí los pasos e incluso me esforcé más con ciertas acciones promocionales.

Por supuesto, no funcionó igual, porque esas mismas acciones, en otro momento y contexto, dan un resultado muy distinto. Es algo básico que deberíamos grabarnos, para cuando alguien nos diga que, si seguimos sus pasos, conseguiremos sus resultados.

Además, llegaron los tiempos del Salvaje Oeste a Amazon. La gran mayoría ni los vivió ni los recuerda, pero una generación de escritores nuevos se daba una coba insufrible en redes con la esperanza de que, los que estaban arriba en las listas, les hicieran un mísero RT o les promocionaran.

Y luego, se apuñalaban salvajemente.

Por aquel entonces, el juego sucio de compras propias, opiniones falsas y ataques a otros escritores (reseñando también sus obras, pero no de la manera melosa en la que falsificaban las propias) era vicioso y brutal.

Brutal, en serio, sin misericordia. Poco tardó la fachada de buen rollo en saltar por los aires con acusaciones alucinantes de todo tipo. Yo, como siempre, no me enteraba por vivir en los márgenes sin el menor interés, pero, aun así, me llegaban ecos.

No me pareció extraño, escritores siendo escritores.

La cuestión es que ese instante fugaz de suerte vino y se fue sin mí, para no volver. Sin embargo, un puñado de autores, hasta entonces desconocidos, hizo cabeza de playa en el tosco algoritmo de Amazon por aquel entonces y no parabas de ver sus nombres. En una charca pequeña, con pocos contendientes todavía, eran los reyes impulsados por el viento de cola de la visibilidad y las recomendaciones cruzadas del sistema.

Algunos de ellos, por supuesto, empezaron a vender cómo tener éxito y ser un superventas en la tienda Kindle, hablando de los tópicos de siempre, que nada tenían que ver con los motivos reales.

Un tiempo después, llegaron las editoriales, que tentaron a esos superventas. Muchos cometieron el error de firmar, sobre todo, con una de ellas. Esa empresa quitó los libros originales o los reeditó (sin hacerles una mísera corrección siquiera) y, cuando salieron bajo el sello editorial, eran volúmenes nuevos que empezaban de cero. En una charca mucho más amplia y poblada, donde la visibilidad era un pastel a repartir entre demasiados ya, se volvieron irrelevantes de la noche a la mañana.

Perdieron sus rankings y todo lo conseguido por haber tenido la fortuna de llegar los primeros. La tiranía del algoritmo no perdona y la visibilidad acumulativa que concede se disipó.

Muchos creyeron que el éxito se debía a su genio, pero comprobaron que Strawson tenía razón. La suerte lo devora todo y poco puedes hacer contra ella, por muy listo que te creas.

A pesar de esa sabiduría que muchos decían tener sobre cómo ser un superventas, casi nadie consiguió remontar. Por supuesto, la editorial no quiso saber nada más de ellos.

De hecho, todo aquello fue, básicamente, una maniobra para quitar de la cumbre de Amazon a los escritores que iban por libre y la copaban.

Siento si alguien ha leído esto esperando la fórmula del éxito rápido, sé que sólo podemos soportar una cantidad limitada de decepciones, pero se lo debía haber imaginado, porque esas cosas no existen.

A cambio, queda una anécdota con tan poco sentido como el azar y una historia de advertencia sobre el verdadero juego en el que uno se encuentra.