¿Cuántas historias tenemos dentro?

¿Cuántas historias tenemos dentro?

En la carpeta «Escritura» de mi ordenador hay 6.150 archivos repartidos en 472 subcarpetas. No todos son escritos, claro, pero siendo muy conservador y apuntando bajo, digamos que lo sean la mitad, unos 3.000 (en realidad, un software que usé una vez para organizar esas cosas y abandoné, contó unos 4.000 archivos de cuentos, novelas y ensayos de todo tipo hace unos meses). Todas esas cifras no incluyen los más de 550 artículos de esta web.

El número es grande, pero no se debe a ser bueno o a ser prolífico, sino a ser viejo y empezar demasiado pronto, a escribir mucho antes de saber hacerlo.

Y a que no borro nada, absolutamente nada, por un miedo atroz a no sé qué.

Creo que, cuando sea un anciano (si llego hasta ese recodo del camino), seré uno de esos que acumula demasiadas cosas en casa y dentro de él. De verdad que no he querido tirar nada de lo escrito, aunque no quiera volver a leer lo que hay en la mayoría de esas 472 subcarpetas.

Es un desastre sin orden, en definitiva, el baúl de proyectos a medio (y terminados) del que hablaba la semana pasada.

Lo que me lleva a algo que Vivian Gornick escribía hace poco para The Atlantic, en su reseña de un ensayo:

La mayoría de los escritores de libros sólo tienen una historia que contar, es la que envuelve a un trozo de sabiduría emocional que el autor ha hecho suya. Si esos escritores son buenos en lo que hacen, la historia se profundiza con cada libro que se escribe. Si no son tan buenos, la historia simplemente se repetirá en el mismo nivel en el que tomó forma originalmente. Con el tiempo, la obra del mejor escritor llegará a sentirse enriquecida por la clara renovación de la experiencia vivida, mientras que la obra del menos bueno llegará a parecer cada vez más reducida. Considero que esta verdad es evidente tanto para los escritores de ficción como para los de no ficción.

Lo que me lleva a varias preguntas: ¿Cuántas historias tenemos dentro? ¿Más de 3.000 hasta ahora desperdigadas por ahí o 3.000 reencarnaciones del mismo cuento? ¿He tratado de contar otras y se quedaron a medio? ¿He tratado de contar esa única historia de la que habla Gornick y, en realidad, nunca la he conseguido terminar, porque nunca la he escrito suficientemente bien?

Creo que todos nos hacemos esa pregunta y tenemos miedo a que la historia que estamos contando sea la última en la recámara, o que ya hayamos escrito lo que veníamos a decir y no podamos avanzar un poco más allá y encontrar algo nuevo.

Creo también que todos tenemos el mismo miedo cuando acabamos algo que nos satisface o nos reconocen otros al leerlo: que nunca podremos escribir nada mejor y que: «Esto es todo, amigos», esta es la última historia y todo lo que vendrá después serán esos espejismos pálidos que nunca la superarán, como predice Gornick para muchos.

Me parece un miedo legítimo y normal que se cura con el tiempo, tras el cual echas la vista atrás y lo que escribiste ya no te parece tan bueno, sino que te da hasta una pequeña vergüenza que alguien más lo leyera. Eso no significa necesariamente que hayas avanzado hasta ser mejor, sólo que has seguido viajando en el camino de la escritura, pero doy fe de que se puede ir hacia atrás en cualquier travesía. Al final, es casi imposible saber qué es escribir bien y es habitual que los amores de antaño sean los odios de ahora.

Creo que nadie sabe cuántas historias o versiones de la misma tiene dentro, cuántas quedan o si ya las escribió todas, pero no de todas las formas posibles. Es otra incertidumbre con la que vivir y averiguar la respuesta es parte del camino.