No pasa nada por ser un desastre

No pasa nada por ser un desastre

Hablé hace poco de mi caótico baúl de los miles de cuentos y es verdad. Cada cierto tiempo, me organizaba de una forma para escribir o probaba una nueva herramienta, de manera que los archivos se encuentran en mil formatos diferentes. Además, están metidos en carpetas clasificadas cada vez de una manera, de modo que ya no sé bien dónde está nada.

Hay relatos a medio en los directorios que se llaman «Terminados» y terminados en los de «Borradores» y, cada dos por tres, por esa vana persecución del método perfecto que nunca encontré, he cambiado el sistema de nombres y organización de los textos y es que no hay forma de reducir el caos.

A veces, tengo un archivo por capítulo y, en otras historias, todo se encuentra en un único fichero y también quedan muchos viejos retazos de cuando usaba el Scrivener. Están desperdigados y guardados en su propio formato propietario, que me obligó a abandonarlo a pesar de que es una excelente herramienta de escritura.

Como con aquellas viejas carpetas llenas de música (porque antes se tenía música), me digo que un día me sentaré a ordenar también mis escritos, pero, al menos, ahora sé que no lo cumpliré y no me hago ilusiones, ni trato de convencerme de lo contrario.

Y ese mismo desorden en mis miles de archivos, no tan maravilloso como dice la canción, se traslada también al proceso de escritura.

En unas ocasiones he tratado de usar fórmulas, en otras me he dejado llevar por escritura casi automática, en otras más yo qué sé ni lo que intenté con tal de domar la historia. Un caos, una locura sin método casi siempre.

Al menos, no estoy solo en eso, al menos, en los 80, Philip Roth reconocía lo siguiente:

Escribir no es un trabajo duro, es una pesadilla. La minería del carbón es un trabajo duro, esto es una pesadilla…

Cuando estoy escribiendo, no estoy nada seguro de que pueda hacerlo. Hay una tremenda incertidumbre que está incorporada a esta profesión, un nivel sostenido de duda que te apoya de alguna manera. Un buen médico no está en una batalla con su trabajo; un buen escritor está en una batalla con su trabajo. En la mayoría de las profesiones hay un principio, un punto medio y un final. Con la escritura, siempre se vuelve a empezar.

Está bien, no pasa nada. Creo que tenemos permiso para ser un desastre, porque es la naturaleza de la bestia que hemos elegido montar y no vamos a conseguir domarla o que haga lo que deseamos.

Así que, al menos, podemos permitirnos vivir en ese desastre sin ilusiones de que sea de otra manera. Tratar de tener todo bajo control va a ser otra inútil persecución de lo perfecto, otra vez intentar atrapar a nuestra sombra y frustrarnos y creer que los demás están triunfando donde nosotros fracasamos, pero no es verdad.

Ni ellos triunfan, ni nosotros fallamos, simplemente estamos todos escribiendo y no hay manera de que eso no parezca un desastre.