Las fórmulas

Las fórmulas

Dicen que está todo escrito y no hay nada nuevo, al menos, en lo que se refiere a contar historias. Que es el viaje del héroe de Campbell una y otra vez.

Todo es fórmula, en definitiva. Y lo que es peor, estamos programados para dicha fórmula y lo que se sale de ella tiene problemas para ser aceptado por quienes leerán una historia diferente. Esa resultará extraña y sólo gustará a los que somos raros y buscamos algo que se nos parezca.

Por eso, los pioneros tienen las flechas en la espalda y los que tratan de hacer algo distinto serán leídos por el crítico de Babelia y ya está.

No sé si Babelia sigue existiendo, la verdad.

Y, aunque parezca que vengo a denostar la fórmula (no lo descarto para otra ocasión), hoy vengo a decir que es necesaria y que todo escritor debería conocer sobre eso y, por qué no, usarla a discreción si lo cree necesario. Es fundamental, en esto y en todo, que conozcamos íntimamente las reglas antes de romperlas. Una fórmula da solidez a la historia, coherencia y, en la mayoría de ocasiones, contará más cómo la aplicas y ejecutas.

Por eso, la misma fórmula, usada por dos escritores distintos, dará dos resultados muy diferentes. Esto no son matemáticas.

Tampoco voy a negar que yo las uso a menudo, que cuando no sabes cómo seguir o enfocar algo, pueden ser la brújula en la niebla. De hecho, he aquí una confesión, una de mis novelas, Perdimos la luz de los viejos días, no sólo es pura fórmula hasta las comas, sino que, además, elegí conscientemente una bastante peculiar, tomada de las viejas novelas e historias pulp que me encantaban de pequeño.

Acabó publicada y con accésit en un premio cuando menos lo esperaba, así que punto para los que dicen que no hay nada nuevo bajo el sol.

Creo, además, que todo escritor debe conocer sus herramientas de trabajo, el poder del lenguaje, de las historias y cómo afectan a la emoción y las personas. No obstante, no es mi intención convertir esto en una clase y ya hay mil escritores que han explicado hasta la saciedad a Campbell como si no existiera nadie más.

Simplemente, quiero compartir, para quien no la conozca, la fórmula de un párrafo de Gary Provost.

Gary era un genio a la hora de explicar los rincones de la escritura de una manera sencilla y genial y, por desgracia, nos dejó demasiado pronto. En ese párrafo suyo, se reconocen muchas de las historias que nos emocionaron y puede ser una de esas brújulas en la niebla.

Érase una vez, que a alguien le pasó algo y decidió que iba a perseguir un objetivo. Así que ideó un plan de acción y, aunque había fuerzas que intentaban detenerlo, siguió adelante porque había mucho en juego. Y justo cuando las cosas parecían ir tan mal como podían ir, aprendió una importante lección y, cuando se le ofreció el premio que había buscado con tanto ahínco, tuvo que decidir si lo aceptaba o no. Y al tomar esa decisión, satisfizo una necesidad que había sido creada por algo en su pasado.

Otro día ya despotricaré de las fórmulas, hoy dejo una lanza rota por ellas.