Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Lo ames o lo odies, Henry Miller escribía bien. Y, a pesar de esa imagen de bohemio de París hace cien años, era un trabajador disciplinado con una rutina férrea. Como prácticamente todos los escritores que hicieron algo y luego creaban esas narrativas de genio y caos alrededor de sí mismos.

Sabían que lo único importante es el mito y lo cultivaban, es una historia mucho más atractiva que la realidad del trabajador aburrido.

Y esa disciplina en el caso de Miller atendía a 11 reglas de escritura que seguir siempre, según él, y que me parece interesante compartir.

Son estas:

  1. Trabaja en una cosa a la vez hasta que la termines.
  2. No empieces más libros nuevos, no añadas más material nuevo.
  3. No te pongas nervioso. Trabaja con calma, con alegría y con temeridad en lo que tengas entre manos.
  4. Trabaja según el programa y no según el estado de ánimo. Detente a la hora señalada.
  5. Cuando no puedas crear, puedes trabajar.
  6. Cimenta un poco cada día, en lugar de añadir nuevo abono.
  7. ¡Sigue siendo humano! Queda con gente, ve a los sitios, bebe si te apetece.
  8. ¡No seas un caballo de tiro! Trabaja sólo por placer.
  9. Descarta el programa cuando te apetezca, pero vuelve a él al día siguiente. Concéntrate. Limita. Excluye.
  10. Olvídate de los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo.
  11. Escribir es lo primero siempre. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo eso viene después.

En general, son buenas reglas, contradictorias como la vida, porque, a veces, hay que ser caballo de tiro y es lo que hay, cosa que él mismo reconoce implícitamente en las reglas 4, 5 y 6.

Además de esos mandamientos, tenía su «Programa diario», al que hace referencia en ellos. Consistía en esto.

MAÑANAS:

Si estás aturdido, escribe notas y asígnalas donde corresponda, como estímulo.

Si estás bien, escribir.

TARDES:

Trabajo en la sección que toque, siguiendo escrupulosamente el plan de sección. No hay intrusiones, ni desviaciones. Escribir para terminar una sección a la vez, bien y del todo.

TARDE-NOCHE:

Ver a los amigos. Leer en los cafés.

Explorar lugares desconocidos: a pie si el suelo está mojado, en bicicleta si está seco.

Escribir, si se está de humor, pero sólo en un programa menor.

Pintar si se está vacío o cansado.

Tomar notas. Hacer gráficos y planos. Hacer correcciones de manuscritos.

Nota: Deja tiempo suficiente durante el día para hacer una visita ocasional a los museos o pintar un boceto ocasional o dar un paseo ocasional en bicicleta. Haz bocetos en cafés, trenes y calles. Dejar de lado las películas. Ir a la biblioteca en busca de referencias una vez a la semana.

Como vemos, incluso un agente del caos y la depravación como podía ser Henry Miller, tenía un plan, muy parecido al de la mayoría de escritores (trabajo por la mañana, lo demás luego). De hecho, era incluso demasiado rígido a veces, pura rutina en la que insertaba sus correrías, que también eran parte del programa a seguir.

Porque esa es la aburrida realidad del escritor.