Nadie tiene ni idea

Nadie tiene ni idea

Una de mis creencias fundamentales no tiene que ver con Dios, sino con las personas. Con el hecho de que, en general, creo que nadie tiene ni idea de nada y todos caminamos en la oscuridad, tratando de no chocar con los muebles.

Así que, si nos sentimos de esa manera, no está de más recordar que no es señal de estar rotos, sino de que las cosas, simplemente, son así. Estamos en sintonía con la corriente general. Y cuando se trata de escritura y libros, esto es todavía más cierto. Nadie tiene ni idea, pero claro, en un ámbito donde se maneja tanto la palabra, no es raro encontrar narrativas que disimulan bien la ignorancia tras una apariencia de saber lo que se hace.

Pero no.

No nos interesa la ciencia ficción que trata de utopías negativas. No se vende.

Esa fue la respuesta que Donald A. Wollheim, de la editorial Ace Books, le dio a Stephen King tras leer el manuscrito de Carrie.

Y resulta que sí se vendía, porque de veras que nadie tiene ni idea.

La muestra principal es que casi todos los libros fracasan, excepto unos pocos.

¿Diríamos que fallar el 80% de veces en algo es ser experto en ese algo?

Porque la industria editorial es así y eso es trasladable a prácticamente todo: el 90% de empresas nuevas ya no existen a los 5 años, la mayoría de campañas virales no se vuelven virales, la mayoría de productos nuevos fracasan, la mayoría de anuncios no convencen, la mayoría de expertos hacen predicciones erróneas.

Esto último es sangrante y no son pocos los estudios que han mostrado, literalmente, que los especialistas en bolsa obtienen peores resultados que un puñado de monos tirando dardos.

Nadie quiere reconocer que la vida es mera cuestión de suerte y que no tenemos ni idea de si algo funcionará. Eso se debe a que, en la mayoría de situaciones, no podemos influenciar, o ni siquiera precisar, cuáles son los factores más poderosos que están actuando en dicha situación concreta. Una y otra vez, se ha demostrado que los humanos somos terribles, y digo terribles, a la hora de predecir el futuro.

De alguna manera, se nos concedió la habilidad de pensar en él, planear y tratar de cambiarlo, junto a la nula capacidad de hacerlo bien.

Pero, al menos, siempre hay un puñado de sinceros.

George R.R. Martin reconoció abiertamente que no tenía ni idea de qué hace que un libro se venda mucho. Martin no es idiota, ha intentado desentrañar la fórmula, fijarse en lo que ha hecho y escrito cuando ha tenido éxito, pero, cuando ha tratado de reproducirlo, él mismo reconoce que no le ha salido y no sabe por qué.

La cuarta novela de Martin casi acaba con su carrera. Todos creían que iba a ser un best-seller y fracasó. Debido a eso, nadie quería publicar la quinta y, sin embargo, la sexta fue Una canción de hielo y fuego.

El propio Martin rechazó una historia para su serie Wildcards, creada por un joven escritor británico, no la consideró bastante buena. Ese autor era Neil Gaiman, esa historia era Sandman, que pasaría a convertirse en uno de los mejores (y más vendidos) cómics de todos los tiempos.

No son raras las hazañas de editores que dejaron pasar novelas legendarias o de críticos con opiniones vitriólicas sobre libros que se convertirían en inmortales.

Así que no, en el fondo, nadie tiene ni idea. Tenemos alguna a veces y un poco de suerte en otras ocasiones, pero no mucho más. Y esto no tiene nada que ver con bajar los brazos o abandonar o decir que no merece la pena hacer nada. Tiene que ver con la humildad de reconocer ese hecho, convivir con él y seguir trabajando.