Los verdaderos motivos

Los verdaderos motivos

Acabo de empezar a leer Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama, y en la vena de los autores japoneses que me gustan, la prosa es tranquila, evocadora y potente, una extraña combinación de cualidades, pero bastante habitual en los mejores que he leído.

Tras unas pocas páginas he tenido curiosidad por el autor y he buscado alguna entrevista, pero con poco éxito (lo que me ha hecho que el autor me caiga aún mejor). Sin embargo, por el camino me he topado con una del cineasta Isao Yukisada, que dirigió una adaptación cinematográfica de la novela hace más de veinte años.

Y hablando de esa y otras obras, en la entrevista surgió el concepto de hacer todo esto (escribir, el arte y otros actos de futilidad), movidos por el miedo al olvido.

Por no marcharte, como dijo Dylan Thomas, en silencio hacia la oscuridad. Por no hacerlo con tu canción todavía dentro.

Probablemente, muchos de los que lean esto estarán familiarizados con conceptos melodramáticos como el de que mueres dos veces, primero cuando lo haces y luego de nuevo cuando alguien, en algún momento, piensa en ti por última vez.

Siempre he pensado que el orden de ambas muertes no siempre es ese y no estoy seguro de si es peor que te olviden antes de marcharte de aquí o que lo hagan después. Sea como sea, creo que hay buena parte de verdad en eso, seamos conscientes o no, que los escritores, los artistas y las personas en general, queremos perdurar y nos empeñamos en esos actos de futilidad que las historias dicen que quizá lo consigan. Rascar un poco más de vida, que alguien quizá diga nuestro nombre una vez más al ver una portada, que algo destelle de forma débil en algún sitio cuando eso suceda…

Me parece lógico y bastante sensato y no pasa nada si ese impulso que sentimos dentro por escribir y expresarnos es por puro miedo egoísta, aunque pintado con una capa de otras nociones románticas.

Me parece válido que ante esta vida o su final nos rebelemos de las formas que creamos convenientes, no importa lo inútiles que sean en realidad, porque siempre he reivindicado la futilidad del arte y de todos los actos en un mundo donde todo parece que debe tener lógica y sentido y un utilitarismo fatigoso, de modo que todo siempre «sirva para algo».

De hecho, me parece válido cualquier motivo para escribir o crear lo que sea, incluso el de que querer hacerse millonario con estas cosas, porque con el poco de suerte que hace falta para todo, puede que llegues al lugar correcto comenzando por el camino de las razones «equivocadas» (más que equivocadas, fantasiosas, diría yo).

Tal y como está el mundo (o más bien cómo es el mundo), el arte, la escritura y la pelea contra el olvido de un puñado de cualquieras me parecen más que legítimos.

Sinceramente, no creo demasiado en trascendencias, pero me parece que escribir contra el olvido es un excelente motivo y una guerra perdida, porque al final mi poema favorito es Ozymandias. Sin embargo, los románticos ya sabían que las batallas perdidas eran las únicas que merecían la pena y la del olvido también me parece una razón y una historia lo suficientemente buenas como motivo para el arte. Con algo de melodrama, como ese Grito de amor desde el centro del mundo de Katayama, cierto, pero eso también me parece genial cuando, como en el caso del libro, está lo suficientemente bien escrito.